El clima era cálido; el sol brillante, quemante y en complicidad con el viento torturaba sus ojos, que si bien el clima influía en realidad era el resultado del vacío que diviso al momento que ella se perdía en el horizonte (mar de gente).
Aquella mañana de verano la terminal se encontraba saturada, el mar buscaba una salida (escapatoria vacacional), ella, sin embargo escapaba del dolor queriendo dejar sus recuerdos que con el tiempo pudo hacer a un lado pero jamás olvido. Siendo ella una mujer sumamente sentimental y visceral, prefirió no despedirse de nadie, caminó hacia la puerta de salida; estando lista para empezar una nueva etapa en su vida, suspiro sintiéndose sola (como ya era costumbre), cerró los ojos y recordó la felicidad, pero sobre todo el dolor que le produjo haber conocido al ser que la volvería loca.
Inevitablemente las lagrimas brotaron y antes de que pudieran rodar por sus mejillas se apresuro a limpiarse, sacó un espejo para verificar que la máscara de maquillaje no se hubiese arruinado; no quería tomar un viaje que cambiaría su vida con la huella de la tristeza que la carcomía.
En un principio pensó que era su imaginación pero tratando de mantener la calma, movió el espejo para darse cuenta que en efecto a unos metros de distancia detrás estaba Teresa.
Como siempre intolerante al sol, con su largo cabello suelto alborotado por el aire envolviéndole el rostro. Hera claro, sus ojos rojos, brillosos no tenían la felicidad de siempre “¿por el clima?... o ¿por sentimiento?...” eso no le importo. Camino sin rumbo aparente dejándose llevar entre la marea de personas que sin así buscarlo le rodeaban.
Aquella mañana de verano la terminal se encontraba saturada, el mar buscaba una salida (escapatoria vacacional), ella, sin embargo escapaba del dolor queriendo dejar sus recuerdos que con el tiempo pudo hacer a un lado pero jamás olvido. Siendo ella una mujer sumamente sentimental y visceral, prefirió no despedirse de nadie, caminó hacia la puerta de salida; estando lista para empezar una nueva etapa en su vida, suspiro sintiéndose sola (como ya era costumbre), cerró los ojos y recordó la felicidad, pero sobre todo el dolor que le produjo haber conocido al ser que la volvería loca.
Inevitablemente las lagrimas brotaron y antes de que pudieran rodar por sus mejillas se apresuro a limpiarse, sacó un espejo para verificar que la máscara de maquillaje no se hubiese arruinado; no quería tomar un viaje que cambiaría su vida con la huella de la tristeza que la carcomía.
En un principio pensó que era su imaginación pero tratando de mantener la calma, movió el espejo para darse cuenta que en efecto a unos metros de distancia detrás estaba Teresa.
Como siempre intolerante al sol, con su largo cabello suelto alborotado por el aire envolviéndole el rostro. Hera claro, sus ojos rojos, brillosos no tenían la felicidad de siempre “¿por el clima?... o ¿por sentimiento?...” eso no le importo. Camino sin rumbo aparente dejándose llevar entre la marea de personas que sin así buscarlo le rodeaban.
Teresa quiso pronunciar su nombre dejando escapar un susurro “¡Gaby!”, quería gritarle pero su falta de coraje y decisión le hicieron pensar para sí misma 2no me dejes…”
Después de muchos otoños, cada inicio de verano en dos mundos diferentes una mujer toma con fuerza la foto de su juventud con su mejor amiga tratando de reproducir ese abrazo en su mente, pero al cerrar los ojos solo queda la imagen desgastada divisada en el espejo viéndola alejarse con la gente.


